Las soleras de hormigón las podemos ver en casi todas partes, aunque muchas veces ni nos fijemos en ellas. Es ese suelo gris que ves en una nave industrial, donde se apoyan las estanterías de un almacén o donde se estacionan los coches en un garaje. Este tipo de solera es muy resistente, ya que aguantan cargas, vibraciones, humedad y hasta cambios de temperatura bruscos.
Todo ello te hace pensar que son indestructibles, pero en realidad no lo son. Con el tiempo pueden aparecer grietas, hundimientos, polvo, humedades o zonas desconchadas que afean el aspecto del suelo, y que además pueden influir en su funcionamiento. Y es que un suelo irregular puede dificultar el movimiento de carretillas, provocar accidentes o incluso generar daños estructurales si ignoramos el problema.
- Grietas y fisuras:
Por qué aparecen esas líneas que se abren en el hormigón y cómo sellarlas antes de que crezcan. - Desniveles:
Qué causa los hundimientos o desniveles y cómo se puede levantar el suelo sin tener que romperlo. - El hormigón se “pela”
Cómo identificar un suelo desgastado, por qué ocurre y qué hacer para recuperarlo con un acabado nuevo y resistente. - Humedades
Las causas más comunes de las manchas y el moho en el suelo, y las soluciones más eficaces para cortar la humedad desde dentro. - El polvo
Por qué algunos suelos sueltan polvo sin parar y cómo endurecerlos o sellarlos para acabar con el problema de una vez. - Juntas rotas
Qué pasa cuando las juntas se deterioran, cómo repararlas y por qué conviene revisarlas cada año.

1. Grietas y fisuras
Las grietas son el pan de cada día. Empiezan siendo muy finas, pero pueden acabar siendo muy grandes si no se vigilan. Pueden salir por muchas razones: el hormigón se seca demasiado rápido, cambia la temperatura, o simplemente porque no se hicieron bien las juntas de dilatación.
Por ejemplo, imagina que echas una solera en pleno verano. Hace calor, el suelo se seca en un suspiro y no cortas las juntas a tiempo. A los pocos días aparecen las primeras grietas. No es que el hormigón esté mal, es que no ha tenido un proceso correcto de curado.
Solución: Si la grieta es pequeña, se puede sellar con una resina que la cierre y deje el suelo firme otra vez. Pero si ya es más seria, toca abrirla un poco, limpiar bien y rellenarla con un mortero especial que evita que vuelva a aparecer.
2. Desniveles
Otro problema bastante común es que el suelo se hunda o pierda nivel. Lo notas porque el agua se acumula en un punto, los muebles no apoyan bien o, directamente, da la sensación de que el suelo “baila”.
Esto pasa cuando el terreno de debajo no está bien compactado, o con el tiempo se asienta de forma irregular. Por ejemplo, en un garaje con mucho peso, si el terreno no estaba bien preparado, el suelo acaba bajando unos milímetros. No parece mucho, pero es suficiente para que se acumule agua o se formen pequeñas rampas donde no debería haberlas.
Solución: En esos casos, no hay que levantar todo el suelo. La inyección de resinas expansivas permite levantar la solera desde abajo.
3. El hormigón se “pela”
Con los años y el uso, el hormigón también se cansa. Aparecen zonas donde se levanta la capa superficial, el árido se queda a la vista o el suelo se vuelve áspero y polvoriento. Es lo que se llama “pelado”, y suele pasar en sitios donde hay mucho paso o caen líquidos. Por ejemplo, en los talleres donde cae aceite, gasolina o productos de limpieza agresivos, y al hormigón le acabará afectando.
Si sabes que el suelo va a sufrir, porque lo pisarán coches, carretillas o maquinaria, mejor hacerlo bien desde el principio y pedir un hormigón con árido duro o una capa de rodadura reforzada.
Solución: La reparación depende del nivel de daño. Si el problema es superficial, se puede lijar la zona y aplicar un endurecedor que deja el suelo como nuevo. Si está más deteriorado, se usa un revestimiento epoxi.
4. Humedades
Un suelo con humedad es muy molesto. De repente ves manchas blancas, moho, o notas que el suelo parece mojado, aunque no hayas fregado. Esto pasa porque el terreno bajo la solera tiene humedad y el agua sube poco a poco, como una esponja.
Imagina un garaje con el coche aparcado todo el invierno. Si debajo no hay una barrera impermeable, la humedad sube y lo deja todo pringoso. Incluso puede oler mal o hacer que la pintura del suelo se levante.
Solución: bloquear el paso del agua. Si el suelo está muy afectado, se pueden inyectar productos que sellan el poro desde dentro, o aplicar impermeabilizantes por la superficie que “cierran” el hormigón. Lo importante es cortar la subida antes de que empiece a afectar a otras partes de la estructura.

5. El polvo
Seguro que lo has visto alguna vez: suelos que sueltan polvo sin parar. Pasas la escoba, limpias, y a las pocas horas está otra vez igual. Eso pasa cuando el hormigón no se curó bien o se usó una mezcla demasiado pobre. Es como si la superficie se desmenuzara poco a poco. En almacenes, garajes o naves viejas, es muy habitual.
Solución: aplicar un endurecedor químico que penetra en el hormigón y lo compacta. Si el desgaste es mayor, se lija el suelo y se sella con una capa protectora.
6. Juntas rotas
Las juntas permiten que el suelo se mueva sin romperse. Pero si no se mantienen, acaban siendo el problema, ya que se rompen los bordes, se despega el sellante y se llenan de polvo o suciedad.
En los garajes y almacenes donde pasan coches o carretillas todo el día, los bordes de las juntas se acaban machacando. Cada golpe quita un trocito más, y cuando quieres darte cuenta, tienes un agujero.
Solución: se corta la zona dañada, se limpia, se rellena con un mortero epoxi y se sella de nuevo. En sitios de mucho tráfico, se pueden poner perfiles metálicos para reforzarlas.
Problema | Qué pasa | Solución |
1. Grietas y fisuras | Se abren líneas en el suelo por calor, secado rápido o malas juntas. | Sellar con resina o rellenar con mortero si son grandes. |
2. Desniveles | El suelo se hunde o queda torcido. | Inyectar resina expansiva para nivelarlo sin romper. |
3. Suelo pelado | Se levanta la capa superior y el suelo se desgasta. | Lijar y aplicar endurecedor o revestimiento epoxi. |
4. Humedades | El suelo “suda” o salen manchas y moho. | Impermeabilizar o inyectar sellantes que bloqueen el agua. |
5. Polvo constante | El hormigón se desmenuza y suelta polvo. | Aplicar endurecedor químico o sellar la superficie. |
6. Juntas rotas | Se rompen los bordes y se despega el sellante. | Rellenar con mortero epoxi y volver a sellar. |
En definitiva, las soleras de hormigón parecen eternas, pero con el tiempo también necesitan cuidados. Lo bueno es que casi todo tiene solución sin tener que romper ni levantar el suelo entero. Lo importante es detectar el problema a tiempo y no dejarlo avanzar. Si ves una grieta, un hundimiento o una zona que siempre está húmeda, no te asustes, pero tampoco lo ignores. Cuanto antes se actúe, más fácil (y más barato) será arreglarlo.